domingo, 27 de febrero de 2011

"Últimas sesiones con Marilyn"

No lo he podido evitar. Anoche vi este documental en la Noche temática, y necesitaba que formase parte de este pequeño universo.

"¿Esto no va sobre música?. Esto no tiene nada que ver con la música", se podría decir... En gran parte es cierto. Sin embargo, entre tantísimos datos e imagenes más, me llamó tremendamente la atención el hecho de que, si hubo algo que nunca abandonó Marilyn, ni en sus peores momentos... Que, de hecho, creo, pudo ser su más sano sedante en los momentos en la oscuridad.
Algo que incluso la vio morir, el único testigo, y que a su vez, no podría haber pasado más desapercibido. Aquello fue: Un majestuoso piano blanco, comprado en una subasta. Sublime, elegante, blanco, bello, de sonido frágil... como ella.



Lo único que en su desorientación emocional la ataba a su infancia, a la sencillez y la inocencia donde quiso y no pudo nunca retroceder. Un paliativo, un confidente y un testigo.



Al terminar de ver dicho documental, todavía impresionada, la primera frase que pasó por mi mente fue: "Si aquel piano hablase..."

Si aquel piano hablase, probablemente no hubiese sido necesario tirar de grabaciones de su psicoanalista para superar la barrera de la falsa Diva, Marilyn Monroe, y encontrarnos con la niña perdida: Norma Jean.



Irene G.M.


















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